Ayer escuche de boca de un caballero una frase que me golpeo no solo el oído, también le dolió a mi corazón. Eso provoco mi regreso al teclado. Hace algún tiempo no te escribía…. Bueno, aquí vamos de nuevo. Hay algo amigo mío, que quizás nadie se ha sentado a explicarte y creo debes saber.
Lo ideal, lo perfecto y lo que toda mujer en el mundo desearía, al menos una vez en su vida, es la vida de hogar perfecta Conocer de joven a alguien, enamorarse, conocerse uno al otro al dedillo, casarse, tener un hogar, hijos, formar una familia, ver crecer a esos hijos, darles herramientas para enfrentar la vida, verlos formar su propio hogar, mirarse a los ojos con la satisfacción de la tarea realizada juntos, luego esperar el aparecer de las canas y la vejez, disfrutar el ocaso de sus vidas juntos Eso, para una mujer es lo perfecto. Lamentablemente para muchas, muchísimas de nosotras no es así.
No nos convertimos en “mujeres con muchachos” porque lo quisimos o lo elegimos.
La vida decidió por nosotras y no nos ofreció mas opción que la dura tarea de criar y responder a Dios por nuestros hijos, solas. Nos convertimos no solo en madres y padres, sino en únicas proveedoras del alimento, educación, valores, principios, salud y un millón de cosas mas en la vida de nuestros hijos.
En la mayoría de las ocasiones la vida nos puso de frente una balanza y nos dio la oportunidad de escoger entre el amor, ser primero mujeres o primero madres. El 98% de nosotras opto por lo ultimo sin pestañar.
El ser “mujeres con muchachos” es un trabajo duro, muy duro
Este trabajo, no paga dividendos, no hay vacaciones, ni días feriados. Somos las primeras en levantarnos, las ultimas en ir a la cama. El cansancio y el silencio son nuestros confidentes y nuestra compañía. El amor se va alejando, no porque seamos bonitas o feas, gruesas o con un cuerpo espectacular, altas o bajas. El amor se va alejando porque nosotras mismas lo vamos postergando. Nuestra prioridad, nuestra única razón de vivir de ser es que nuestros hijos lleguen mucho más alto, mas lejos de lo que pudimos llegar nosotras.
A veces, en lo duro del camino, alguien se detiene a ofrecernos un vaso de agua. Ese vaso de convierte en un abrazo que solo aceptamos cuando la espalda que nos abraza es lo suficientemente fuerte como para protegernos no solo a nosotras sino a nuestros hijos también. No vamos por la vida esperando ni Amigo, cuan equivocado estas!
A veces algún hombre tiene suerte y logra encontrar un lugar a nuestro lado y créeme, cuando eso sucede, ESE hombre debe sentirse afortunado.
Como te dije, trabajamos duro, sustento, amas de casa, profesionales que se baten de tú a tú con cualquiera en el mundo laboral porque, “esas son las habichuelas de mis hijos” . Enfermeras, consejeras, policías, suplidoras, choferes, prestamistas, confesoras, empleadas domesticas…todo eso, en un solo cuerpo y con más de un nombre. El que tu escogiste hoy fue, ”mujeres con muchachos”.
No te suena un poco despectivo y algo humillante? Porque aunque no lo parezca, detrás de ese “mujeres con muchachos”, existimos damas con corazón, doncellas con quienes la vida no fue del todo justa y no nos quejamos. Aprendimos a no dudar y aceptamos nuestro destino con valentía y coraje. Tenemos un alma llena de sentimientos.
No disponemos del tiempo necesario para lamentar lo que no tenemos. No vamos caminando por la vida, suplicando el amor de un hombre.
Tampoco amigo mío, andamos desesperadas por sexo o vivimos de cama en cama.
No mi amigo, ser una “mujer con muchachos”, no es un delito, ni una enfermedad contagiosa. No es un pecado ni algo de que avergonzarnos. Ser “mujer con muchachos” es vivir del sacrificio constante. Es, muchas veces ir al trabajo con el estomago vacio y con cero balance en tu cartera y en tu chequera, pero en paz porque hoy, solo por hoy, a tus hijos no les falto la merienda.
Mañana? Ya se verá.
Ser “mujer con muchachos” es salir a la calle con el marcador de la gasolina mas abajo de la E, pero salir de todos modos… Porque HAY QUE RESOLVER. Nosotras podemos esperar, nuestros hijos no y con cada nuevo día José, con cada nuevo día, se nos ofrece la oportunidad de ser agradecidas del Dios que nos permite poner el pan a la mesa y el techo sobre la cabeza de nuestros hijos, a pesar de los estigmas como: “mujeres con muchachos”
Te invito amigo mío, a que nos conozcas un poco mejor.
Tenemos un lugar, merecemos una palabra amable, un poco de respeto y algo de admiración.
Luchamos y lo hacemos solas, con dignidad y la frente en alto. Vivimos y somos parte del mundo. Tal vez, algún día la vida te ponga de frente a una “mujer con muchachos” y Dios decida que esa “mujer con muchachos” será SU elección para ti y la convierta en tu pareja. Entonces puedas mirar las cosas desde el otro lado de la cerca.
Nunca amigo, debemos arrojar piedras al cielo si tenemos techo de cristal
Regálanos un poco de admiración, creo que lo hemos ganado. Creo que lo merecemos. No te refieras a nosotras como “mujeres con muchachos”, es una frase hiriente, suena despectiva, humillante. Somos madres que criamos solas. Encontramos la fuerza cada dia para hacerlo porque Dios camina con nosotras.
Que tu día sea excelente.
Laura Rosado
“Mujer con muchachos”